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Evolución

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Nunca fui un amante de la lectura. Es quizás un comienzo crudo para empezar un relato acerca de mí como lector, pero la sinceridad debe estar ante todo. Es el día de hoy que no comprendo si fue la poca insistencia de mis viejos por tratar de inculcarme este hábito, porque yo me resistía con todas mis fuerzas, pero ellos debían luchar contra esa resistencia como lo hicieron con otros aspectos de mi educación. Tiene mucho que ver, lamentablemente, las nuevas tecnologías y formas de comunicación y entretenimiento que van alejando de la lectura a los jóvenes de mi generación (y ni hablar de la nueva).

Empecé a ver a la lectura como una obligación más que un placer. Siempre tuve profesores que me dijieron “leé esto que lo voy a tomar” y no probaron algo como “mira que interesante este libro, cuando tengas tiempo y ganas, leelo”. Esa imposición de una actividad que debería ser un placer, transformado en una obligación, tuvo sin dudas una repercusión negativa en mi, y un alejamiento de la lectura.

Ocasionalmente leí libros de ficción, tales como el Señor de los anillos o El código Da Vinci, pero ninguno hizo que mi pasión por la lectura nazca de una vez y por siempre. Fueron actividades aisladas más que un hábito común. También probé libros de historia, como la saga de Felipe Pigna, obteniendo el mismo resultado: entretenimiento momentáneo. Mi último recuerdo de la lectura, repasando el trabajo de las imágenes que tuvimos en la clase, fue hace un mes aproximadamente volviendo del colectivo leyendo “El 45” de Félix Luna. Lo interesante del recuerdo es que lo leía con mucho entusiasmo hasta las partes en dónde daba datos estadísticos mechados con el relato; era extraño, me aburría enormemente leer tantos números sin sentido para mí pero no podía alejarme de la historia que el libro llevaba. Esta doble sensación por la lectura de esa obra fue la que recordé como imagen en clase.

Al comenzar la carrera mi forma de ver las cosas sufrió algunos cambios. No me convertí en un lector ejemplar, por supuesto, pero empiezo a ver las cosas de distinta manera. Comenzar esta materia como una suerte de abanico de posibilidades frente a la lectura, no estar cerrado a la comprensión de un texto para un examen, me abre un mundo de oportunidades que no había tenido anteriormente. Espero con ansias que este paso por la materia no sea un simple año universitario más, sino que marque en mi un antes y un después a un habito tan rico como es la lectura.